TROTSKY ARTIMAÑERO

20060919023901-trotskymilitant.jpgPara tanto bolche perdido tras la caída del muro y el “auto envaselinamiento” del “socialismo real”, para tanto trosco desvariado por no encontrar una “sigla” proletaria para su agrupación, para tanto “zurdaje” extraviado, para todos los que no saben si los “Los manuscritos de 1844” le corresponden al Marx viejo o al joven, para toda la periferia izquierdista del mundo, El Clande viene a arrojar un poco de luz y señalarles cual es el camino a seguir.
Para ello, saca de su arcón, cual mago que saca un conejito defecando de su galera, el “inmemorable” cuento del “bardo del país colonia”, Manuel Marques, titulado “Trotsky Artimañero”, y te lo entrega al viejo y siniestro estilo del folletín.
Hoy te damos los capítulos 1 y 2 como para que vayas teniendo.
“¡visitantes del blog del Clande, uníos!”

Por: Manuel Marques

PREFACIO.

Guarde esta historia por muchos años.
La guarde por pudor, por... , por su inmensa belleza.
Hoy la cuento porque llego un rumor a mis oídos. Parece ser que el “aprendiz de Rasputin rojo matancero” anda propalando por ahí, la despreciable frase, (despreciable y fallida frase), de que supuestamente “no se hace la revolución jugando al fútbol”.

Alicia me dijo muchas veces que mi problema mayor consistía en trocar mi furia hacia alguna persona en lastima por la misma. Creo entonces que ahora he dado un paso adelante, ya que reemplazo mi infinita bronca por esta hermosa historia.

Gracias.

SAN PATRICIO – LA LIGA- UNA HEINEKEN

Es San Patricio.
Con el gallego Paredes nos encontramos todos los años a tomar una cerveza en su casa de Laferrere.
El gallego las manda al freezer y deja que sea la presión de la birra congelada la que destape la botella.
- un día vas a volar las botellas a la mierda – le digo
- Portu. Así. Heladas como en Heriskad. Vamos por los celtas, por Irlanda libre, por Perón, y por la concha (aunque el culo se muera de hambre!!!!) – Se caga de risa, se ríe limpiamente.
Este es un marzo caluroso. El verano parece haberse instalado cómodamente en este lugar lejano de todo. Encima al gallego se le ocurre subir a la terraza para ver un partido, de no sé que equipos, de no sé que campeonato, que se juega en la cancha de La liga, que queda del otro lado de la calle.
Solo “la ambrosía en envase verde” puede mitigar lo horrible del fulbito que estamos viendo.
- ¿Cómo se puede jugar tan mal? – se pregunta el gaita, - ¡duelen los ojos de verlos!
- no pueden dar dos pases seguidos... –
- Son verdaderamente de madera... el equipo de Gepeto, “Pinocho Fútbol Club” – explota el gallego en una carcajada.
- Gaita, vos que a tu edad ya viste todo, no crees que hace falta una “revolución en el fútbol”. – le digo.
- Portugués – me dice, en tanto que se levanta y encara hacia la escalera que lleva a la cocina – lo que hace falta no es una revolución en el fútbol, sino un “fútbol revolucionario”. Vení. Tomemos unos mates.
Alguno de los dos equipos feísimos hace un gol feísimo que es festejado con gritos feísimos.
Pero eso ya a nadie le importa.

MATE – NARANJAS – EL IRLANDÉS “ERRANTE”

Te voy a contar una historia que no figura en los libros.
Stalinismo, gulags, chekas, ochenta años de “socialismo real” se encargaron de mandar al olvido uno de los momentos en el cual un partido de fútbol fue inigualablemente revolucionario.
La cosa fue en Rusia, en Kronstadt, allá por 1921, justo mañana se cumple otro aniversario del “increíble cotejo”, como diría Fioravanti.
- Tomate un matienzo – cebo uno.
- Ponele un poco mas de azúcar, portu – dice el gallego y sigue contando.
Con el “irlandés errante”, (se llamaba Sean O’ Qwerty), habíamos acondicionado un viejo barco pesquero y lo habíamos convertido en un modesto buque de carga. El barquito andaba bien para la navegación costera y nosotros lo aprovechábamos para hacer un viaje desde Vigo a las costas del norte de Rusia. Traíamos bacalao ruso, que hacíamos pasar por bacalao noruego, y lo vendíamos en las costas de Normandía, y llevábamos para las tierras de Rasputin, whisky, corned beef y habanos para una pequeña colonia de ingleses que residía en Kronstadt, y naranjas para los rusitos, que se pensaban que eran una fruta por lo demás exótica.
Hacíamos el viaje durante el verano, ya que cuando empezaba el frío el mar se congelaba y era imposible que el “MY FLOWERS”, (O’ Qwerty lo había bautizado así para cagarse de risa de los ingleses, les decía que habían perdido la brújula en su huida al “american dream”), se convirtiese de nuevo en rompehielos.
Así que fue por el hielo, o porque veíamos lo que se venia, es que la revolución del 17 nos agarro en la playas heladas de Kronstadt.
19/09/2006 02:39 Autor: clandestino. #. Tema: VARIOS.

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