TROTSKY ARTIMAÑERO, CAPITULO 10

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Capitulo 10

 

CASACAS - "TODO EL PODER" - DE VOLEA

 

La reunión para dar los últimos toques al equipo la hicimos en la biblioteca. Si te digo que éramos casi 100 personas metidas en un sala de 10 por 100 no te estoy mintiendo en nada. El calor humano empañaba los vidrios y hacia casi imposible ver lo que pasaba adentro a los que se habían quedado afuera.

El "team" estaba casi definido. Jugábamos el Brigadier, el gordo Petrichenko, el Irlandés iba al arco, un rusito colorado y metedor, el Káiser, el negro Noche (un angoleño que había llegado como brigadista en la época de la contrarrevolución), dos ucranianos,  el siberiano Pavlovich, el sobrino de Blair, un inglesito de anteojos a lo "Harry Potter" y yo.

"ni un puto cambio teníamos".

Blair hacia las veces de técnico, para lo cual se pinta en un buzo blanco de algodón las letras "T.D." (Tactical director).

Con el nombre tampoco hubo mucho despelote. Después de tirar varios nombres se eligió por amplia mayoría el de "VOLT´NITSY", cuya traducción aproximada seria algo así como "LOS INDOMABLES".

E nombre al menos imponía respeto. Lo que no imponía nada, sino que daba para cagarse de risa, (y de frió), era el tener que jugar en cuero.

¿De donde mierda íbamos a sacar una casacas, o un poco de tela para armarlas?

Los últimos retazos los habíamos usados para fabricar mantas durante el sitio de la ciudad.

Alguien dijo "juguemos así nomás, descamisados", y otro contesto, "descamisados las pelotas... aca esta la tela".

Un viejito se fue acercando al escritorio que funcionaba como mesa y tiro arriba de el una bolsa de la cual saco unas viejas banderas anarquistas. Estaban tan gastadas, tenían tantas luchas encima, que el negro y el rojo estaban casi desteñidos. Y como había mas tela de un color que del otro, la camiseta quedo negra con unas tiras rojas cosidas a los costados.

La Tstaieva que se salía del culo por meter algún bocado y aportar un toque femenino, saco no se sabe de donde, (algunos hijos de puta decían irónicamente que eran pendejos),  unos hilos de oro con los cuales bordo la vieja y querida "estrella de cinco puntas" en cada casaca.

Así salimos a la cancha.

Nadie invoco a dios, y el Diego todavía no había nacido.

Formados sobre la línea del medio campo esta el equipo de los "rosas".

Trotsky estaba parado unos pasos al frente y gritaba una interminable serie de indicaciones a sus jugadores.

Los muy putos habían renunciado al rojo de las tradicionales casacas del pueblo, y estaban vestidos con unas camisetas de frisa blancas en la cual tenían estampada la frase "TODO EL PODER A LOS SOVIETS", con el terrorífico agregado que las palabras  "A LOS SOVIETS" estaban tachadas, con lo cual solo se leía "TODO EL PODER". Le faltaba nada más que signos de admiración para convertirse en la imagen viva de la "conchudisima dictadura del proletariado".

Trotsky se adelanta unos pasos y lo llama al gordo, que era nuestro capitán, y le dice "yo voy de referí", y cagandosenos de risa agrega, "por eso de la igualdad, la imparcialidad y otras boludeces".

El gordo mira las ametralladoras bolches que la juegan de hinchada de los rosas, mira a la gente de Kronstadt subida a la muralla, se hace el boludo y le contesta, "lo que usted diga majestad", pega la vuelta y se pone a armar el equipo en la cancha.

Trotsky revolea un rublo al aire y antes de que este toque el suelo decide que los rosas van a elegir el arco y sacar del medio.

Pero ahí se da cuenta que no hay pelota para jugar. El muy boludo se las había tirado todas a los perros.

"¡ahora no jugamos un carajo!", grita el muy cagon.

Antes de que pueda arrear a su escuadra, blair sale cagando, entra a la biblioteca y de un baúl saca una antiquísima pelota.

Esta casi marrón por el paso del tiempo y los fulbachos que tiene encima. El ingles la tantea para ver si esta inflada y antes de rajar para la cancha le escribe con un pincel y tinta roja "SOVIET O MUERTE".

Trotsky la toma entre sus manos, hace una mueca irónica, la pone en el centro de la cancha y hace arrancar el partido.

Desde el vamos el griterío de los soldados del equipo rosa, mas el de los que están fuera se nos hace ensordecedor. Pero de a poco nuestra gente se suelta y comienza a alentarnos.

Los rosas nos están cagando a pelotazos y a patadas.

Nosotros tratamos de armarnos bien desde atrás y salir jugando.

Ellos empujan como pueden. Mas con prepotencia y fiereza, que con buen juego.

Por momentos no podemos ni siquiera pasar la mitad de la cancha, a pesar de que el káiser se caga gritando "salgamos, salgamos". A donde mierda vamos a salir si nos están aplastando.

En el equipo rosa algunos jugadores formaban parte del equipo de "rentados" que tenia el partido para "expandir" el bello deporte y mostrar los "logros" físicos del "estado obrero".

Uno de ello, el que se hace llamar a si mismo "el padrecito" y que todos saben es el "preferido" de Trotsky, arranca una jugada, mas o menos por la mitad del campo.

El hijo de puta tira dos gambetas y cuando el Káiser le sale a cortar las piernas, se la pasa al centrojaz que le iba corriendo a lado y va a buscar la devolución por detrás de nuestro defensor. Así recibe solo frente al Irlandés. Cuando este lo sale a atorar, lo corta con un amague, un quiebre de cintura que desaira al guardameta y se manda al trote hasta el fondo del arco.

Se desata el "aquelarre bolchevique". Son casi 10.000 soldados rodeándonos por los cuatro costados de la cancha. Son todos de ellos. Trotsky había prohibido a los ciudadanos de Kronstadt salir de la ciudad, así que los pocos que nos alentaban estaban trepados a la muralla, los otros se desesperaban reunidos en la plaza ante el relato del partido que hacia alguno desde arriba.

Trotsky no sabe si hacer sonar el silbato o gritar el gol. El mismísimo hijo de puta hace las dos cosas. Primero grita el gol y después pita señalando el círculo central.

El vocerío y los tiros al aire convierten la canchita en un infierno.

Estamos hechos mierda. Nadie se atreve siquiera a ir a buscar la pelota que se muere en la red. Todos sabemos que de la mano de nuestra derrota viene la destrucción de la ciudad. Todos prevemos la goleada, la sentimos cortando el aire helado de la mañana.

Bueno, todos no.

El Brigadier se agacha, levanta la pelota, la limpia, la pone debajo del brazo, da media vuelta y empieza a caminar hacia el medio de la cancha. Va tranquilo, extremadamente tranquilo.

Camina y mira a los reconchudos que lo insultan. Camina y nos va mirando a cada uno de nosotros. Es una mirada sin reproche. Es una mirada de amigo, de hermano, de infinita calma.

Cuando llegan al medio del campo deja caer la pelota de entre sus manos y la aplasta contra el círculo de cal con su pie derecho. Se da vuelta y no dice a todos. Nos susurra a todos, y el susurro se hace escuchar por sobre el ensordecedor griterío trosko. Nos habla y nos dice., "no se a ustedes, pero a mi me esperan en la plaza", nos dice y mira la jauría de soldados armados que se nos caen encima. Los mira y nos dice, "LOS DE AFUERA SON DE PALO", y abre la pelota para el gordo que ya se esta escapando por la punta izquierda.

Portu... no sabes como jugamos. Le dimos vuelta el partido.

No se que nos paso.

"amor propio" le digo, "huevos".

Le empezamos a cascotear el rancho. Le sacamos astillas de los palos. Los arrinconamos contra su propio arco.

"bailaban", Portu... "bailaban de verdad".

El guacho de Trotsky nos tiraba a cagar.

Cortaba todas las jugadas. Inventaba fules. Cobraba orsais que solo el veía.

El silencio se iba imponiendo en toda la cancha.

Más jugábamos, mas silencio.

Hasta que solo se oyó el ruido a cuero golpeado.

El gordo se volvió imparable.

En una se le escapa al marcador y tira una diagonal de izquierda a derecha. Todos esperaban que saque un centro corto pero el muy turro pica la pelota y busca clavársela al arquero por arriba. El tipo que estaba adelantado empieza a retroceder mirando como la pelota se le cuela. Desesperado pega un salto y alcanza a tocar la pelota con la punta de los dedos. El balón se va al corner. Despacito voy hacia la esquina para patearlo cuando lo veo venir al Káiser al área. Se viene haciendo el boludo como para que su marca se descuide. Me grita "metela como anoche" y yo se que tengo que ponerla en el punto del penal. Le entro a la globa con la cara interna del pie y la pelota agarra un efecto increíble. "A la inglesa", se va alejando de los defensores y el arquero, y le cae justo en la cabeza del Káiser. Este mete un terrible frentazo que hacer estallar la pelota contra el travesaño. El cabezazo fue tan fuerte que el balón se eleva y vuelve hacia el centro de la cancha. Todos miramos la parábola que el esférico va describiendo en el aire. Ahí, justo donde la pelota va a caer, esta el Brigadier. Son unos 30 metros del arco. Así. De bolea. Sin siquiera molestarse en pararla, el Brigadier le da duro de zurda. Si de de "zurda", con la de palo, Portu.

Rosca al revés, la pelota hace que sube pero a una velocidad monstruosa cae por detrás del arquero.

Era el empate.

La vuelta a la vida.

Desde dentro de la ciudad se sintió un grito, y luego un temblor que nos sacudió a todos.

Trotsky se pone rojo de furia y empieza a las puteadas, mientras nosotros corremos a abrazarnos.

Ni llegamos a festejarlo porque el muy reventado de Trotsky  cobra el gol e instantáneamente termino el primer tiempo.

12/10/2006 00:16

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