GILDA AGAIN

POR MANUEL MARQUES
Esa mañana, ella creía que podía ser Gilda.
Había practicado un par de pasos y alguna canción tonta.
Mientras los chicos de la sala celeste bailaban al compás de un diluido carnavalito.
Ella se había puesto una trusa apretada que le apretaba irremediablemente el coño.
Tenía el culo impecable de Gilda.
Solo faltaba que alguien la mirase.
Que alguien se diese cuenta del potencial que había en esa voz, en esas nalgas.
Mientras los chicos se aburrían bailando un desilusionado carnavalito.
Ella creía que podía ser la nueva Gilda.
Su breve falda roja lo creía.
Su mojadez lo creía.
Solo hacia falta que alguien se diera cuenta cuanta calentura había en esos infinitos muslos.
Ella podía ser Gilda.
Esa mañana patria.












