BLANCANIEVES Y LOS 7 ENANITOS, (final, parte 1)
Otra vez el Clande te sorprende más que gratamente.
Manuel Marques (en los textos) y Lucho Casanova (en las ilustraciones) te brindan una novedosa versión del viejo y querido clásico infantil "Blancanieves y los siete enanitos".
Esta vez con el toque "FIERITA" tan de moda en los últimos tiempos en el bendito país colonia.
Como ya es costumbre en toda publicación Clandestina, rescatamos el formato del viejo y querido folletín.
Disfruten...
La tardecita en la villita esta más que tranqui.
La Blanca deambula por la casa limpiando un poco por allá, juntando la ropa un poco por acá, mirando de reojo la novela en la tele, fumando un churrin, buscando en el espejo la firmeza de sus glúteos.
En de repente, alguien golpea las manos en la puerta.
¡Alexandra!, grita la Blanca.
¿Qué andas haciendo por acá?
"Negrita", le dice la Bruja - Rampolla, "ando vendiendo productos de Avon. La tele y el garche ya no dan como antes. Hay que rebuscar la moneda donde se pueda.
¿Te puedo ofrecer unos productos?", le dice la malvada.
La Blanca la miro con una carita triste y le contesta, "me gustaría ver lo que traes, pero los enanitos me tienen prohibido dejar pasar a alguien a la casita".
Ante la negativa de la doncella, la Bruja saca de un pequeño bolso su mejor arma, "el folleto - catalogo con los últimos productos de la firma, o sea, la campaña octubre de 2006", y se lo pone casi pegado a los ojos de la princesa.
La Blanca siente su visual inundada por miríadas de imágenes.
"perfumes, lociones varias, depiladoras de cejas, depiladoras de vello púbico, cremas anti age, cremas para levantar los parpados, cremas para levantar el culo y las tetas, bombachas, trusas, culottes, sostenes con breteles de siliconas, sostenes con un par de suculentos pechos incluidos, pijamas con ositos, cacerolas, vasitos de plástico con dibujos del muy puto Winie Pooh, y otro millón de boludeces completamente innecesarias".
No había terminado la Blanca de decir "pase, por favor, pase", que ya la bruja - sexóloga estaba desparramando sus productos por sobre la mesada de la cocina.
Así, mate va, mate viene, capuchino va, capuchino viene, la charla se va distendiendo poco a poco.
Es ahí cuando la Blanca comete un error fatal. Agarra y le pregunta a la bruja algo sobre como mejorar el sexo con los tres enanos.
La Maria Rosa piensa para si, "ahora me como este caramelito" e inicia un discurso sexo - calentante, que le empieza a comer de a poco la cabeza a la muchachita.
"que tenes que ponerte una tanguita que muestre todo tu culito, que tenes que aprender a mamarla, que tenes que experimentar con la doble y la triple penetración, que esto, que lo otro", y así hasta el infinito y mas allá.
A la Blanca se le había empezado a mojar el coñito de solo escucharla.
La bruja le suelta entonces, "y sobre todo, tenes que insistir con el juego previo, les tenes que enseñar a los enanos a que aprendan a chupar una concha como corresponde".
¿Y como lo hago?, pregunta la incauta mujerzuela.
"¡así!", le dice la Maria Rosa, mientras con una mano le empieza a deslizar la bombacha desde los muslos hasta la pantorrilla.
La Blanca se queda quietita, (como corresponde), y se deja hacer.
La bruja que la tenía más que clara, se manda directamente a la vulvita de la Blanca, que enseguida pasa de un color suavemente rosado, a un rojo carmesí casi endiablado.
Punta de la lengua recorriendo los labios internos y externos. Penetración muy, muy suave. Y por ultimo, ataque descomunal al clítoris.
A medida que la bruja chupa, la Blanca va entrando en un estado de placido letargo.
El momento del clímax se avecina beso a beso. Mordida a mordida. Lamida a lamida.
Y al oír la muy hija de puta que la Blanca empieza a gemir , "basta, por favor, basta", aplica el toque de la muerte, es decir, le pone un dedito en el culo de la princesa, y la putita se corre como nunca, acaba estremeciéndose como una hoja dentro de un tornado.
Ahora la Blanca esta tirada en el piso.
Parece muerta, a no ser por una débil sonrisa que se le dibuja en la boca.
La reina - bruja - Rampolla empieza a gritar como una perra, "¡pariste hija de puta! ¡Te hice cagar, la gran concha de tu madre! ¡Preguntale ahora al espejo quien es la mas bella del barrio!"
Pero el grito se la ahoga en la garganta cuando escucha que la puerta de la calle se abre y que son los tres enanos que estaban volviendo del laburo.
No fue más que abrir la puerta del comedorcito y con la misma mirada ver a la Blancanieves tirada en el suelo y a la bruja escapar por la ventana.
¡Pedazo de mierda, mataste a la Blanca!, ¡mataste a la Blanca!
Nadie, nunca, jamás, podrá olvidar la terrible persecución que se desato por olas calles del barrio.
Cuetazos de un lado y el otro, puteadas por doquier, gritos e insultos en demasía.
La bruja, en su desmesurada huida llega a la ruta.
Y ahí se inicia el principio del desmadre.












