SUDISTAN - CAP 4: EL PINTOR

Para Erika
Va el pintor.
Sube la loma que rompe el ras de esa pampa limada.
Valija de madera en la mano.
Un precarisimo caballete.
Algunas telas.
Una botella de bourbuon por la mitad.
Un par de pinceles.
Oleos.
Mas abajo.
Los dos ejércitos.
Pobres.
Desarrapados.
Desvencijados.
Miserables.
El pintor mira la escena.
Un campo de interminable pastizales.
Resecos.
Inútiles para todo.
Una llanura enfermiza.
Lejos de los verdes de Joyce.
De los amarillos de Van Gogh.
De los ocres de Rembrandt.
Solo mugre.
Solo el color de la mugre.
El pintor va directo al bermellón.
Largas pinceladas cargadas de rojo brillante.
El pintor conjura la sangre por venir.
La poca sangre de esa soldadesca que se muere de sola estar parada al rayo del sol.
Un el sol mierdoso.
Abrasivo.
El pintor abomina del paisaje.
“Un paisaje del carajo”, se dice, y le pone un río.
Un rió tan desmesurado como esa pampa.
Sabe que en estas tierras solo tiene lugar la desmesura.
Le pone un río de agua barrosa.
Un río que se pudre en su cauce.
Un río que desprecia la tierra que moja.
Un río que desprecia su rol de fondo de una batalla entre dos ejércitos condenados a la más idiota de las muertes.
El pintor sabe bien que esa es una guerra imbecil.
Que nunca sus ejércitos serán los de las viejas batallas heroicas.
No merecen más que aniquilarse.
Que sembrar la tierra con sus propias mierdas.
Que carecen infinitamente de toda belleza.
Y el tipo va y los pinta.
Los engalana.
Los embellece.
Los prolija.
Les infunde valor.
Los llena de deseo.
Los manda a morir con el deseo de ser muerto.
Los mejora.
Los hace ser.
Va y pone.
Árboles.
Cañones de bronce.
Armaduras.
Fusiles.
Caballos.
Barcazas.
Jinetes.
Infanterías.
Banderas.
Estandartes.
Generales.
Tamboriles.
Espadas.
Carretones.
Mosquetes.
Sables.
Birretes.
Y algarabías.
Algarabías.
Gritos de furia.
De patrias.
Y sangre.
Muchísima sangre.
Sangre sin dolor.
El pintor con su pintura anula el dolor.
Desplaza el miedo más allá de la tela.
Y mucha sangre.
Sangre que embarra la tierra y llega al río.
El pintor pinta más allá de la muerte.
Pinta hasta que se queda sin pinturas.
Sin luz.
Entonces junta sus cosas y se va.

