Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2008.
Resumen
- 04/11/2008 15:00 - THE MANITOU
- 06/11/2008 22:56 - VAGINA DENTATA
- 14/11/2008 19:41 - SUDISTAN - CAP 4: EL PINTOR
THE MANITOU

PONE ENANOS!!!
Por Alejandro Blindex
Todo el mundo sabe que el cine se rige sobre la base de 3 o 4 ideas que tienen la categoría de “axiomas”.
Por ejemplo: “si querés ganar un Oscar, nunca trabajes con niños y con perros”, (menos aun con ambos juntos en el mismo film).
O también, “la cantidad de muecas que debe hacer el protagonista de una comedia, es directamente proporcional a la pobreza del guión y los diálogos” (ver Jim Carrey).
La lista tiende casi hasta el infinito (y más allá), pero aun así, mientras muchos de ellos pueden ser puestos en duda, hay uno que es siempre verdadero. Inexorablemente verdadero. Es que el contiene una sabiduría solo equiparable a la del dios padre, y dice: “SI QUERÉS METER UN ÉXITO DE TAQUILLA IMPRESIONANTE, (sin Clarín y el 13 que te bombardeen con publicidad), SI QUERÉS ARRASAR CON VENECIA, BERLÍN, CANNES, LAFERRERE, Y EL SUNDANCE FESTIVAL, SI QUERÉS QUE TU PELÍCULA SE VUELVA UN HIPERCLASICO, EN ELLA TENES QUE PONER ENANOS… AUNQUE SEA UNO…”
… y si ese enano “brota” de la espalada de una mina, la combinación se vuelve perfecta.
El Manitou.
Enano jodido.
Encarnación (mas que nunca “literalmente” encarnado) del mal.
Bestia maldita.
“Absceso cutáneo” producido por el demonio.
“quiste sebáceo” de los infiernos.
Peliculón con letras mayúsculas
“dos pulgares arriba, y un dedo en el orto de la creatividad cinematográfica.”
Un Tony Curtis más que descollante.
Sumido en un personaje de hondos perfiles psicológicos.
Cargado de matices.
Una interpretación ninguneada por la Academia que entrega los putos Oscares.
Una muestra de cuando Hollywood quiere meterse en serio con los ritos ancestrales y la multiculturidad étnica, lo hace como el mejor de los antropólogos.
Toda la magia proyectada en Technicolor sobre el blanco rectángulo de la pantalla.
Joe Gibs, hermano de los prolíficos Andy y Robin Gibs (los míticos Bee Gees), saca de la galera y compone un personaje que merece encabezar el cuadro de honor de los seres maléficos de la pantalla grande.
El es el “Miscamacus”, un aborto de la naturaleza, un enano maldito, que brota desde la espalda de la hermosa Karen Tandy (Susan Strasberg).
Un engendro que solo tiene como pretensión convertir a este universo en un verdadero infierno.
Claro que frente a el va a tener a la mejor dupla de héroes que dio el cine, Harry Eskirne (Tony Curtis) y John Singing Rock (Michael Asara) dispuesto a acabar con el, a reducirlo a cenizas.
Colmada de esoterismo y efectos especiales varios, “El Manitou” preanuncia las sagas de “Harry Poter” y “El Señor de los Anillos”, así como también, todo el terror de la mal llamada “La Llamada” (The Ring).
Una lucha a muerte entre las fuerzas del bien y el mal.
Con algunas escenas que merecen estar en la galería de “las mejores del cine mundial”, a saber:
La vecina y viejita señora Hertz, flotando por las escaleras.
El estallido de una computadora que arrasa la vida de su operador.
El nacimiento purulento del Miscamacus.
Y un final con toda la pirotecnia y un desnudo setentista de la Strasberg.
Para verla con los ojos cerrados del miedito!!!!
VAGINA DENTATA

Por Alejandro Blindex
Haya por finales de los 70, cuando la noche de la dictadura parecía eterna e inamovible, jugaba con mis amigos de la infancia, que eran también los de mi adolescencia, en una canchita que teníamos en la calle Cuyo, entre Tranway y Totoral.
Ese equipo cargaba con el nombre de “Los Borrachos”, ya que se había impuesto una especie de moda que nos hacia jugar los domingos a la mañana, hundidos en una resaca de “séptimos regimientos y música disco”.
Si bien tuvimos una racha de “cuasi imbatibles”, después el “modo de producción capitalista” nos fue desparramando por la tierra argenta, y de aquellos inmortales picados solo quedan recuerdos.
En ese equipo yo jugaba de medio campista.
En aquella época le pegaba bastante bien a la globa, así que castigaba seguido al arco, o también, repartía juego para los pibes que iban de punta.
Adelante, tirado sobre la derecha, jugaba “El Chicho Hércules”.
Algún hijo de puta le había puesto el apodo de “Hércules” porque el pibe era más flaco que la mierda.
Pura piel y huesos.
Casi como esos esqueletos que dibujan en los murales los pintores mejicanos.
Aun así, el tipo tenia una pegada más que mortífera.
Sacaba un chutazo a media altura, que parecía volar a una velocidad cercana a la de la luz.
Con esa pegada fortísima todos los partidos ponía su nombre en el tanteador, y los mas loco, era que cuando convertía lanzaba el grito de “gol mierda”.
Si, “gol mierda”, fabuloso.
Pero traigo al Chicho Hércules por otro tema.
Sabes que no puedo acordarme como se llamaba… ya me voy a acordar. Ya esta, Omar se llamaba.
El chicho era el portavoz de las dos últimas “leyendas urbanas” que yo he escuchado, y a las cuales escuchaba por lo maravillosamente bellas que eran.
Si bien todos habíamos debutado sexualmente, la calentura típica de esa edad hacia que en algún momento nos volviésemos monotemáticos, así que los dos relatos tenían que ver con el sexo, mas específicamente con “la concha” (oscuro objeto del deseo).
El primero saltaba al ruedo cada vez que pasaba una mina portadora de un “papo” de condiciones inefables (que no se puede describir con palabras, eso quiere decir “inefable”).
Ahí el Chicho se despachaba con un “si te cojes a esa mina tenes que atarte una soga a la cintura, porque esa concha te chupa para adentro”, y acompaña la historia con los gestos de alguien que es chupado por una especie de “agujero negro cósmico” o bien un huracán tipo “Katrina”.
“te chupa”, decía y terminaba la frase con un “uuuuhhhhhpu”.
Soberbio.
El segundo relato es el que me interesa en esta noche aciaga.
El Chicho se había cogido a todas las minas de Catan y Laferrere juntas, (por lo menos es lo que el decía).
No había una sola vez que vos le dijeras, “Hércules, me gusta aquella piba”, sin que el te respondiese, “a esa mina no me la cogi porque no quise”.
Un genio.
Así que el chicho pelaba anécdotas increíbles de sus andanzas “garchicas”.
Una, que se hacia reiterativa, y que seguro lo termino mandando a interminables sesiones de terapia psiquiatrica o bien lo convirtió en “cana”, hablaba de una mina que tenia “dientes en la concha”.
La famosa “vagina dentata”.
Una concha donde si vos metías la pija, en un apretar de labios vuélvales te la despedazaba con sus conchudos incisivos, para luego masticarte las bolas con sus clitoridianos molares.
Y si bien nadie le creía, la verdad que una concha con dientes le mete miedo a cualquiera.
El tiempo paso, Hércules, su “gol mierda”, su “vagina dentata”, fueron a parar a ese lugar de la memoria que ni el mas poderoso “Rivotrilazo” puede borrar.
Así que mas de 30 años después, alquilo una película que se llama “TEETH”, cuando llegaba a los primeros 20 minutos de film, ahí, sin preanuncios, sin ninguna advertencia, enrostrandome todo una vida pasada, apareció “LA VAGINA DENTADA”.
Buenísimo!!! Diría mi hermano Gerar.
Que vuelco.
Viste esas películas que de repente dan un giro, (yo ya les tengo tomado el tiempo. Cuando veo que se viene el quiebre, y que a partir de ahí la cosa cobra vida, yo le pongo pausa a la video casetera, y me voy a fumar un pucho, o a echar un cago, preparo el mate y después vuelvo a darle play).
Pero esta vez me agarro desprevenido.
Todo fue más que fugaz.
Casi fugazeta diría.
No pasaba nada, y de repente la minita, rubiecita, como corresponde, ya se había “comido” (literalmente, un par de chotos.
Claro que la como la minita era medio boludita no sabia que carajo tenia entre las narpies, así que va a un ginecólogo para que la revise.
Esa escena garpa el alquiler de la peli.
Tenes que ver cuando el medico le manda cuatro dedos in vaselina, y la chucho, herida en su amor propio, se los morfa de una.
No te puedo contar más porque es imposible poner en palabras la lucha que se da sobre la camilla entre el doctor y la cageta.
Después a la minita le entra a gustar la cosa.
Se pone a estudiar y encuentra una leyenda que dice “cuando te coja un verdadero amor, los dientes se van a ir pa´tras”.
La pitusa va y se encama con una migo que le hace el verso de “yo te voy a cuidar. Acostemos a dormir la siesta nada más. Yo te quiero”, y otras boludeces mas que decimos los tipos cuando queremos garcharnos una pendeja.
La cuestión que Dawn, la minita se llama Dawn, Dawn O´keffe, se apiola del entre que le estaba haciendo el boncha y ahí nomás le “tritura” la poronga, dejándosela al ras de los huevos.
Por ultimo, la tipa quiere vengarse del hermanastro, que tras una experiencia muy precoz con ella misma, lastimadura de choto mediante, solo cogia con las minas por el culo.
Dawn lo encara y el la quiere poner perrito.
Ella le dice, “no así no, dámela por la conchita”.
El boludo, en estado de calentura total, accede, y como se imaginan, chau papi.
Encima, a la minita se le cae de la conchita y una vez en el suelo se la morfa un perro Rotwailer.
Maravilloso.
El final no lo cuento para que te den ganas de verla.
Y si la ves.
Tomate una cerveza en honor del Chicho Hércules.
SUDISTAN - CAP 4: EL PINTOR

Para Erika
Va el pintor.
Sube la loma que rompe el ras de esa pampa limada.
Valija de madera en la mano.
Un precarisimo caballete.
Algunas telas.
Una botella de bourbuon por la mitad.
Un par de pinceles.
Oleos.
Mas abajo.
Los dos ejércitos.
Pobres.
Desarrapados.
Desvencijados.
Miserables.
El pintor mira la escena.
Un campo de interminable pastizales.
Resecos.
Inútiles para todo.
Una llanura enfermiza.
Lejos de los verdes de Joyce.
De los amarillos de Van Gogh.
De los ocres de Rembrandt.
Solo mugre.
Solo el color de la mugre.
El pintor va directo al bermellón.
Largas pinceladas cargadas de rojo brillante.
El pintor conjura la sangre por venir.
La poca sangre de esa soldadesca que se muere de sola estar parada al rayo del sol.
Un el sol mierdoso.
Abrasivo.
El pintor abomina del paisaje.
“Un paisaje del carajo”, se dice, y le pone un río.
Un rió tan desmesurado como esa pampa.
Sabe que en estas tierras solo tiene lugar la desmesura.
Le pone un río de agua barrosa.
Un río que se pudre en su cauce.
Un río que desprecia la tierra que moja.
Un río que desprecia su rol de fondo de una batalla entre dos ejércitos condenados a la más idiota de las muertes.
El pintor sabe bien que esa es una guerra imbecil.
Que nunca sus ejércitos serán los de las viejas batallas heroicas.
No merecen más que aniquilarse.
Que sembrar la tierra con sus propias mierdas.
Que carecen infinitamente de toda belleza.
Y el tipo va y los pinta.
Los engalana.
Los embellece.
Los prolija.
Les infunde valor.
Los llena de deseo.
Los manda a morir con el deseo de ser muerto.
Los mejora.
Los hace ser.
Va y pone.
Árboles.
Cañones de bronce.
Armaduras.
Fusiles.
Caballos.
Barcazas.
Jinetes.
Infanterías.
Banderas.
Estandartes.
Generales.
Tamboriles.
Espadas.
Carretones.
Mosquetes.
Sables.
Birretes.
Y algarabías.
Algarabías.
Gritos de furia.
De patrias.
Y sangre.
Muchísima sangre.
Sangre sin dolor.
El pintor con su pintura anula el dolor.
Desplaza el miedo más allá de la tela.
Y mucha sangre.
Sangre que embarra la tierra y llega al río.
El pintor pinta más allá de la muerte.
Pinta hasta que se queda sin pinturas.
Sin luz.
Entonces junta sus cosas y se va.

