HAY QUE MATARLOS A TODOS
Por Alex
Tal vez estemos partiendo de un error.
(Tal vez todo sea un error).
Tal vez nos estemos equivocando al pedirle a una sociedad que desprecia hasta límites inimaginables a “los jóvenes marginales”, que los proteja, que los cuide, que al menos los entienda.
Una sociedad que, día tras día, se encarga de expulsarlos de las escuelas, del trabajo, de la familia, de la vida misma; que día tras día no hace mas que cerrar puertas y levantar paredes (no paredes imaginarias, sino bien altas de ladrillos y cemento), que los estigmatiza, los rotula como “pibes chorros” y otras cosas mas inmundas, que solo les gusta mirarlos a los ojos cuando salen borrachos y cagados a trompadas en el programa mas pornográfico de la televisión argentina, “Policías en acción”.
Una sociedad hipercontradictoria.
Una sociedad que mientras por un lado, el de los niños y vejetes ricos, hace un culto a la juventud eterna. Mucho gym, mucha “liposucción”, mucho gatorede, mucha silicona en tetas que no se resisten a la inevitable ley de Newton, mucho trote liviano por algún lugar paradisíaco del Calafate, “personal trainer” al lado, celular pegado en la oreja, mas concentrado en lo que pasa en la bolsa de Londres que en La Salada.
Una sociedad Peter Pan, pero mala.
Una sociedad que a la vez condena a miles de jóvenes a vivir una vida de mierda. Que los priva de una vida que al menos se acerque a la dignidad que cualquier persona tiene el derecho de vivir.
Una sociedad que vive del delito.
Donde la policía y los políticos organizan todas las tranzas que puedas imaginar.
Drogas, prostitucion, contrabando, desvió de fondos, secuestros Express, trata de personas, y sigue la interminable lista.
Una sociedad que necesita jóvenes que no “piensen en nada” (¿saben estos perfectos idiotas que cuando uno no tiene futuro lo único que hace es pensar?), una sociedad que necesita tener un chivo expiatorio en quien cargar toda sus frustraciones, todos sus miedos, toda su incapacidad de hacer algo para que la cosas no sean como son
Una sociedad que necesita una juventud quebrada, aniquilada, estupidizada, sometida, controlada, falsamente desbocada (me detengo en esto, con mis estudiantes del CEBAS siempre hago esta comprobación, que de tan obvia no se ve, o no quiere verse. ¿Cuántos son los jóvenes pobres que delinquen? U 1% del total? Un 5% del total? Un 20%? Y el 80% restante????.... esos a quien carajo les importa, ni siquiera salen en el noticiero del mediodía), vuelvo, una sociedad que necesita una juventud envenenada hasta los huesos, una juventud en estado de pudrición, de abatimiento.
Una sociedad que en definitiva no los necesita.
Un error pedirle a esa sociedad que no baje la edad de imputabilidad.
Un error.
Un acto de credulidad inocente.
Testimonial.
Mejor preguntarse el porque la edad aun no ha sido bajada a 12 años, o a 8 años, o a 4 años.
Eso es lo extraño.
“el sospechoso, un masculino de piel oscura, portaba algún elemento contundente dentro de una extraña bolsita a cuadritos celestes (igual que su guardapolvo), se hallaba merodeando un institución de enseñanza elemental (léase jardín de infantes), cuando fue abatido por las valientes tropas de la policía bonaerense, que en un acto de sabia prevención, lo cocinaron a balazos (como corresponde), acortando de esta manera su futura y miserable vida. El sospechosos, un masculino de guardapolvo celeste a cuadritos dijo a la prensa, que por pura casualidad se hallaba en el lugar unas ultimas palabras, (mientras sangraba por la boca y la nariz), “buenas tardes señorita, que bonito es el jardín, nos reímos mucho, mucho, y nos gusta estar aquí”, después hizo lo que mejor podía hacer, morir.”, pasamos a otra noticia, dijo Santo, “a Wanda Nara le regalaron un cerebro…..”
En los setenta Marcuse decía “esta es una sociedad carnívora”. Ni siquiera llegamos a eso. Esta es una sociedad que no come a otros, sino que se come a si misma. Se mastica su propio vientre. Y hace como que lo disfruta.
“Si hay una esperanza esta en los proles” decía Orwell. Hoy me gustaría decir, “si hay una esperanza esta en los jóvenes y en los que ven en ellos algo más que una amenaza”.
Algo van a hacer… o ya lo están haciendo y yo soy lo bastante estupido para no verlo.
“la vida se abre paso” diría Spilberg.
Y ellos son lo único vivo entre tanta muerte televisada.
Mientras la patrona mira y escucha lo que le cuenta Santo Biasatti, “dos jóvenes de catorce años mataron a un abogado en la calle Fangucho”, “esto no da para mas”, continua Santo, “es una desastre, una vergüenza”, dice la minita de turno a su lado, “algo hay que hacer” termina Santo, casi como desde el cielo, “algo hay que hacer”, repite… todavía no se anima a largar un grito de “HAY QUE MATARLOS A TODOS”… pero no falta mucho.

