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29/05/2007
BLANCANIEVES Y LOS SIETE ENANITOS (cuarta parte)
Otra vez el Clande te sorprende mas que gratamente.
Manuel Marques (en los textos) y Lucho Casanova ( en las ilustraciones) te brindan una novedosa versión del viejo y querido clásico infantil "Blancanieves y los siete enanitos".
Esta vez con el toque "FIERITA" tan de moda en los últimos tiempos en el bendito país colonia.
Como ya es costumbre en toda publicación Clandestina, rescatamos el formato del viejo y querido folletín.
Disfruten.
La vida de Blancanieves y los tres enanitos discurría placidamente.
Se las arreglaban para tener una convivencia más que apacible.
Los enanitos salían a laburar al mediodía, y cuando volvían al caer la tarde, encontraban la casucha aseada y la merienda servida en la pequeña mesita.
La blanca aportaba una moneda tranzando algunos porritos y las más variadas pastillas que le sacaba entre arrumacos al farmacéutico del barrio.
Hasta se hacia tiempo para ayudar con la tarea a los pibes de los villita.
Nada parecía perturbar la tan ansiada paz de los habitantes de la casa.
Ni siquiera el recuerdo de la funesta reina podía romper el encanto y la placidez de su bendecida morada.
Pero una tiras de casillas mas al fondo, en el rancho de la malvada madrastra, la cosas era totalmente distinta.
La horripilante Maria Rosa nunca había podido consolidar su deseado bienestar.
Suponía que la Blanca estaba muerta.
Ese corazón que se hallaba encerrado en uno de los cajones de la mesada de la cocina se lo aseguraba.
Pero aun así, su dicha no era completa.
Algo, un tufillo a desgracia, a mala suerte, la rondaba constantemente.
Pasaron los días.
Pasaron las noches.
(En ese orden u al orden inverso es lo mismo).
Cierta tarde de mayo, Maria Rosa estaba compartiendo unos churros con el Tuqui.
Ginebra va, ginebra viene, pitada va, pitada viene, al Tuqui se le empieza a calentar el pico, y a medida que se le calienta, se le empiezan a aflojar las palabras, a soltársele la lengua.
"Sabes quien arma estos fasitos", le dice a la Maria Rosa.
"¿Quién?"...
"Una pendeja de acá a unas casas. Tenes que verla. Tiene un lomo infernal.", argumenta el Tuqui.
"¿Una pendejita?", sugiere la Maria, "Decime Tuqui, ¿una con cara de nena buena, unas culito paradito y unas tetitas justas?"
"¿La conoces?", pregunta el Tuqui.
"No, no... para nada", dice la muy puta.
Tras cartón, lo raja a empujones al Tuqui y se manda directamente a la cajonera de la cocina.
Ahí, abre el último cajón y saca una bolsa de plástico de hipermercado Carrefour y la tira sobre la mesa.
A los manotazos destroza el precarisimo envoltorio y se aferra con desesperación a su ensangrentado contenido.
Con las manos temblorosas lo acerca a sus dilatadísimos ojos, y ahí comprueba lo que jamás hubiese querido comprobar.
En el corazón esta tatuado "Negro 100 % cumbianchero".
¡Nnnooooooooooooooooooooooo!
¡Hija de mil putas!
¡Pendeja del orto!
¡La yegua esta viva!
¡Me cagaron!
¡La muy puta esta viva!
Como la Maria Rosa no era nada boluda, no se permite más exasperación que esa.
Ahí nomás tira el corazón en el tacho de basura y se pone a buscar una solución al quilombo en el que esta metida.
¡La voy a hacer mierda!, se dice.
Se pone en cuclillas y de debajo de la cama saca un libro de magia negra, "Hechizos y encantamientos. Sea usted misma una bruja de la puta madre.", y se lo pone a leer.
¡Te voy a hacer cagar, pendejita puta!, se grita.
Lee y lee.
No hay ninguna formula maléfica que la convenza.
Nada que fuese lo suficientemente terrorífico y que le permitiese deshacerse de una vez y para siempre de Blancanieves.
Desahuciada, prende la tele y se pone a hacer un zapping, a no ver nada, a dejar que los canales corran unos detrás de otros, y que los fulgurantes colores diodados se le lleven esa amargura que la comienza a poseer.
En eso, algo le llama subrepticiamente la atención.
Es una gordita que habla con un acento extraño a sus oídos.
La gordita habla amenamente de las más diversas poses sexuales.
Les cuenta a unas niñas que están sentadas a su alrededor como se debe "chupar una pija sin que la leche se te caiga de la boca".
Como les cuenta a unos mozalbetes, que la miran con una cuasi devoción, "que para hacer un buen culín hay dos cosas que no se deben perder, ni la erección, ni la paciencia".
Pero lo que sorprende a la Maria Rosa es ver que la gordita tiene una "conchita de peluche" a la que habla y sonríe.
¡Fabuloso!
Algo se le frita en la cabeza a la Maria Rosa.
Recuerda que para una minita no hay nada más mortífero que una buena "chupada de concha".
Recuerda también, como algunas de sus amigas sufrieron sendos infartos al "acabar" cuando sus amantes le "mamaban furibundamente el clítoris".
Y si al momento de la "chupada" se introducía un "dedito en el culito", los efectos del "acto cuninlingüistico" eran devastadores.
El plan siniestro bullía en la cabeza de la reina - madrastra - bruja.
Había llegado el momento de terminar con Blancanieves.
16/05/2007
"BLANCANIEVES Y LOS SIETE ENANITOS" (tercera parte)
Otra vez el Clande te sorprende mas que gratamente.Manuel Marques (en los textos) y Lucho Casanova (en las ilustraciones) te brin-dan una novedosa versión del viejo y querido clásico infantil “Blancanieves y los siete enanitos”.
Esta vez con el toque “FIERITA” tan de moda en los últimos tiempos en el bendi-to país colonia.
Como ya es costumbre en toda publicación Clandestina, rescatamos el formato del viejo y querido folletín.
Disfruten.
“No lo soñé…
Ibas corriendo a la deriva”.
Llueven soretes de punta.
Llueven rayos y centellas.
Llueven perros y gatos.
Llueve como cuando Noe se embarco a buscar el pejerrey.
En la villita la lluvia ennegrece aun mas la noche negra.
A la Blanca ya no le importa embarrarse sus botitas negras.
Casi va revolcada por lo pasillos angostos, cuasi “termopilescos” del barrio.
De pronto, la oscuridad muestra una diminuta luz en la lejanía.
Es un rancho separado a más de una cuadra de la última tira de casuchas.
Hacia ahí va la Blanca.
Empuja la puerta que se abre de par en par.
Entra.
La poca ropa que le queda encima, esta hecha jirones.
El agua le chorrea a mares por el cuerpo.
A ciegas va tanteando el lugar y llega hasta lo que parece ser una cocina.
Prende las dos hornallas.
Un azul calido invade todo.
Se saca los harapos y se queda desnuda al lado del fuego.
De apoco los ojos se les van acostumbrando al lugar.
La Blanca mira.
“Que extraño es todo en esta casa. Todos estos pequeños y destartalados mue-bles. Quien vivirá en esta pocilga. Seguro que sus moradores arreglan aparatos electrónicos. Cuantos dvd, celulares, reproductores de mp3, autostereos. Que buena colección de relojes pulseras, será que sus habitantes están obsesionados con el paso ineficaz del tiempo. Y esas piezas de oro… serán acaso ricos comer-ciantes. Marcos Polo del siglo XXI”.
Blancanieves va de habitación a habitación.
Su recorrido es brevísimo, ya que la pobre casa no tiene más de dos piezas y un redu-cido baño.
En una de ellas, la Blanca encuentra tres diminutas camas.
Exhausta, las junta, se recuesta sobre ellas, se tapa con una sabana de algodón es-tampada con motivos de las “Chicas súper poderosas”, y se duerme.
Para nuestros amigos, los “enanitos”, (sin ningún animo de discriminar), también la noche fue mas que horrible.
Ya arranco mal cuando quisieron reventar una casa en Palermo Soho, y un par de do-bermans los sacaron cagando.
Después, la lluvia barrió con la gente que cobra el sueldo en los cajeros automáticos de Liniers.
Y termino cuando robaron una boletera de un colectivo, que al abrirla solo le entrego 12 pesos en monedas de 50 centavos.
En esas condiciones pegaron la vuelta.
“Noche del orto”.
…
“Loco, hay que salir a laburar de mañana. La noche se cayó. No rinde.”
…
“Y estos remises de mierda que vos conseguís ni siquiera entran al barrio y te-nemos que caminar como unos boludos”.
…
“¿Y esa luz?”.
“¿Vos dejaste algo prendido?”.
“Yo no”.
“¿Vos?”.
“Tampoco”.
“¡Entonces nos están reventando el rancho!”
Ahí nomás, los tres enanitos, Chorizote, Bananazo y Pijita, pelan los fierros y se pre-disponen a darle maquina a quien fuera que había osado irrumpir en su sacrosanta morada.
Chorizote saca de entre sus ropas una 9 milímetros con silenciador y mira láser. ¡Un caño de puta madre!
Se lo había tranzado a un poli por un poco de merca.
Bananazo pela, desde detrás de su cintura, una lustrosa Colt 45 “Peacemaker”, con cachas labradas en marfil blanco. Una reliquia de la guerra de secesión que el se había afanado de una casa de antigüedades. Una joya de seis balas que obliga a pen-sar entre cada disparo.
Pijita, como distraídamente, saca de una de sus medias una 22, cuya única marca personal, es la limazon de su mira y una empuñadura de goma Eva color rosa.
(Como podrán apreciar los estimados lectores, el nombre de cada uno de los enanos, así también como la pistola que portan, empieza a denotar una cierta fijación fálica, algún trauma mal llevado por alguna obtusa terapia psicoanalítica)
Al grito de “¡Salgan hijos de mil putas!” Bananazo patea la puerta.
Y al estilo FBI de thriller barato, Chorizote y Pijita se cuelan en la casa detrás de el.
Nada ni nadie.
Solo el calor de las hornallas ambientando la pequeña pieza.
Solo una esfumada luz que se enmarca cada objeto de la habitación.
No falta nada.
Así, a simple vista.
Todo esta completamente ordenado.
Menos ese suave ruido, esa respiración frágil que llega desde atrás de la cortina de tela.
Los tres, muy cautelosamente, se deslizan de una pieza a la otra y ven que sobre la cama hay alguien acostado.
Pijita, toma valor, y se anima a correr de un solo tirón la manta que cubre al extraño invasor.
¡Oohh sorpresa!
“¡Es una minita!”, exclama Pijita.
“¡Es un caramelito!” añade Bananazo.
“¡Es una yegua!”, aclara Chorizote.
Y si.
Ver a la blanca profundamente dormida, con su culito puesto para arriba, con su co-ñito mojado por la calidez de la cama, con un pezoncito rosado que busca escaparse por debajo del pecho que se aprieta contra el colchón.
Había que ser muy macho para bancarse semejante visión y no tentarse.
Y ya lo sabemos, los enanos eran bastante machos, pero no lo suficiente como para quedarse contemplando semejante culo sin querer hacerle un viaje.
No podemos decir quien lo dijo, pero alguien grito: ¡Vamos a darle masa!, y los otros se prendieron sin dudarlo un solo segundo.
Ahí va Bananazo.
“¡a esta la parto al medio!”, dice a sus amigos, mientras se baja los lienzos y dejar ver un miembro viril de apenas 5 centímetros en plena erección.
Se la coloca, y la Blanca solo hace un mohín breve y erotizante, como si no pasara na-da más que un fragmento de un sueño calenturiento.
Bananazo acaba y la Blanca sigue durmiendo.
“¡Ahora vas a gritar, putita mía!”! Se exalta Chorizote, en tanto que trata infructuo-samente de lograr que su chota de 7 centímetros se pare.
Así, con la verga muerta, se le tira encima a la Blanca y hace como si se la estuviese cogiendo de manera fenomenal.
“¡gemí turrita, gemí!”.
Dice y se corre.
En tanto la Blanca ya parece un personaje de otro cuento, otra princesa mal culeada que responde al nombre de “La Bella Durmiente”.
Hasta acá el mito de lo bien armados que están los enanos queda completamente des-truido.
Pero entonces le llega el turno a Pijita.
El tipito se acerca a la cama. (Aunque se queda de espaldas a ella).
Se saca la camisa.
Se saca las medias. “no me gusta coger con las medias puestas… a menos que haga mucho frió”, dice.
Se saca los pantalones y tras ellos el calzoncillo de algodón cremita.
Y se da vuelta.
“¡es un gato muerto!”, dice Bananazo.
“¡es una botella de coca cola de 2 litros y medio!”, dice Chorizote.
“¡es una poronga descomunal!”, aúllan a dúo, cuasi espantados ante tanta carne dura.
Pijita no dice nada.
Se arrima a la doncella.
Con sus manos, y con extrema suavidad, aparta cada uno de los cachetes, cada una de las nalgas, del encantador culo de la Blanca.
Y como había visto repetidamente “El Ultimo Tango en Paris”, y siempre se sintió un Marlon Brando del subdesarrollo, le dice a la princesa, o a su principesco culito: “lo siento señorita, pero no hay manteca”, se escupe la punta de la pija y la ensarta como a un churrasco.
Blancanieves da un respingo que casi la saca de la cama.
Estalla en un grito que mezcla el placer con la más profunda laceración.
Gira la cabecita y le sonríe al enano.
El enano la cabalga con mano diestra, sabiendo que esta es una monta que se merece ser bien corrida.
El tiempo pasa.
Acaba.
Acaban.
Blanca dice.
“no se traen unos vinos y me convidan un faso”.
“a sus ordenes mi lady”, dice alguien.
Todos sonríen.
10/05/2007
BLANCANIEVES Y LOS 7 ENANITOS (segunda parte)
Otra vez el Clande te sorprende mas que gratamente.
Manuel Marques (en los textos) y Lucho Casanova ( en las ilustraciones) te brindan una novedosa versión del viejo y querido clásico infantil "Blancanieves y los siete enanitos".
Esta vez con el toque "FIERITA" tan de moda en los últimos tiempos en el bendito país colonia.
Como ya es costumbre en toda publicación Clandestina, rescatamos el formato del viejo y querido folletín.
Disfruten.
El Bocha y Blancanieves se meten en la noche.
Van costeando el paredón del cementerio de Villegas rumbo a las vías.
Apenas esta lloviendo.
Esa llovizna típica de octubre.
El Bocha va dos o tres pasos adelante.
Mira hacia ningún lado.
Fuma un faso tras otro.
Detrás viene Blancanieves.
Se tapa la cabeza con el saquito de algodón para que la lluvia no le desarme el peinado.
Va buscando los restos del mejorado para que el barro no ensucie sus botas negras.
A veces da pequeños saltos.
En cada salto se le vuela la pollera dejando ver unos glúteos redondeados y extremadamente firmes.
El Bocha va en silencio.
Blancanieves no.
"Bocha, ¿vio el tamaño de ese cuis?"
"Bocha, ¿acá hay mas ratas que en el barrio?
"bocha, que mugrientos, ¿Por qué no queman toda esta basura?"
El Bocha ni se inmuta.
Ni siquiera se da vuelta a mirarla.
Tira el cigarro e inmediatamente prende otro.
Blancanieves entonces la emprende con una canción.
"Desde que me dejaste,
La ventanita del amor se me cerró...
Tengo el alma en pedazos,
Ya no aguanto esta pena,
Tanto tiempo sin verte,
Es como una condena"
...
"Bocha, ¿me parece que nos equivocamos de camino?"
El Bocha, sin dejar de caminar, le dice, casi susurrándole, "Nena, porque no cerras un poco el orto".
Los siguientes doscientos metros los recorrieron envueltos en la lluvia, la oscuridad y al mas infinito silencio.
De repente el Bocha se frena.
Mira ala Blancanieves.
Y en un solo movimiento la agarra de los hombros, la hace girar, saca la navaja y se la apoya en el cuello.
Blancanieves empieza a retorcerse frenéticamente.
Empieza a gritar frenéticamente.
Hay un forcejeo sumamente breve.
Brevísimo.
Blancanieves grita como una perra.
Grita al vació.
El Bocha se la saca de encima con un mamporro que estalla en la boca de la Blanca.
Blancanieves cae desparramada sobre una pila de basura.
Botellas de gaseosas vacías, cajones de manzanas y restos de comida.
En la caída, en la el forcejo, o vaya saber donde, Blancanieves pierde su tanga y se desgarra la pollera.
Ahora esta tirada boca arriba mirándolo al Bocha.
Mejor dicho, mirando esa sombra que se supone que es el Bocha.
Esa masa informe que tapa el único haz de luz que viene de muy lejos.
Esa luz que apenas deja filtrar el Bocha la iluminan de a ratos.
Esos flashes van fotografiando sus ojos desaforados, su boca partida y sangrante, las petrificadas tetitas que perforan el top de algodón que alguna vez fue blanco, su pequeña concha enguantada en un pubis que ahora es plateado, los muslos tersos y mojados, de lluvia y de meo.
El Bocha tiene la navaja en la mano.
La navaja pide sangre a gritos.
Blancanieves dice, no sabemos si gritando o de que carajo manera, le dice al Bocha, "bocha, hágame lo que quiera, cojame Bocha, hágame chupársela, hágame lo que quiera, cójame, pero no me mate Bocha, por mi madre muerta Bocha, no me mate".
El Bocha la agarra de los pelos y la levanta del suelo como si fuese un sorete.
La pone contara la pared.
Los pies de Blancanieves apenas tocan el piso.
En la pared hay una vieja pintada de la década del ´70 que dice "Si Evita viviera, seria Montonera".
Blancanieves llora a mares y solo atina a taparse la concha con las manos.
El Bocha se le acerca.
Ahora su cara, su cuerpo esta tan cerca, el esta tan cerca que puede olerla.
Oler su cagazo, sus orines, su perfume de berreta imitación.
Le puede oler el alma.
Están "así" de cerca.
El bocha le agarra la cara, se la da vuelta, y metiéndole casi la boca en el oído dice muy suavemente.
"Pendeja de mierda, puedo ser un hijo de mil putas asesino, pero no soy un violín".
La suelta.
Blancanieves cae de rodillas.
El Bocha le pega una patada en el culo y le grita, "Corre, la gran concha de tu madre. Empezá a correr".
Blancanieves se arrastra, se para, se cae, trastabilla, se vuelve a para y corre como nunca nadie corrió.
Corre para no se sabe donde.
Solo corre.
El Bocha ahora esta volviendo al barrio.
Piensa que carajo le va a decir a la muy puta de la Maria Rosa.
Le había fallado.
Pero a el que carajo le importaba haberle fallado a esa vieja de mierda.
Encima se le habían acabado los cigarrillos.
Esta noche no era su noche.
Pero como los caminos de Ala son inescrutables, y "la pelota no se mancha", no va que al Bocha se le cruza, ahí, en el puente sobre el arroyito, el mismísimo Chunito.
El mismo pedazo de gato que lo había entregado a los ratis en el afano al deposito del Wal Mart.
No solo eso, ya adentro, en Batan, el muy puto lo había vuelto a vender a los perros, solamente para lograr un traslado al pabellón de los putos.
Y de ahí, como un lavatupper refugiado, se canso de decir que el Bocha era un cagón que no tenía una mierda de aguante.
Chunito lo vio venir al Bocha.
Pero verlo y parar la puñalada al hígado que el Bocha ya le había tirado, son dos cosas muy distintas.
Chunito se desplomo en el puente, sobre un charco de sangre y bilis.
El bocha ahí nomás, le tajea el pecho, y a pura mano limpia le arranca el corazón.
Lo mete en la campera, y antes de empujarlo al arroyo, le saca el paquete de fasos del bolsillo del pantalón.
"¿Y bocha?"
El Bocha tira arriba de la mesa de la cocina la campera enrojecida de sangre.
La Maria Rosa la abre y el corazón esta todavía latiendo.
"¡Bochita, Bochita mío, Bochita, hijo de puta, Bochita mío!"
Pero el bocha ya no esta en la cocina, ni en la casa, ni en la calle.
Esta sentado en su pieza.
Esta tomando unos mates.
Unos amargos.
Esta en cuero.
Como si hubiese querido arrancarse la noche de encima.
Prende un cigarrillo y se dice a si mismo, "que fasos de mierda fumaba este hijo de puta".
Después abre la navaja.
Le tantea el filo.
Apura el mate.
Tira el faso por la mitad y vuelve a decirse.
"Estoy hecho".
Y se abre un tajo desde la ingle hasta la garganta.
01/04/2007
LA SPICE GIRL QUE SORBIA EL CARACÚ
Texto de Manuel Marques, imagen (Felacion Brumosa) de Lucho Casanova
LA SPICE GIRL QUE SORBIA EL CARACU
no fifth avenue
no brooklin
no sudistan.
son los bajos del matanza.
es el limite,
entre tus labios y mi pija.
el barro amansado.
no trafalgar square
no win wenders.
es el borde de tu mirada.
un reflujo,
un correazo,
un cintazo por el lado de la hebilla.
es aquella plaza vacía.
este vacío.
es el limite
entre tus labios
y el resto del infierno.
12/03/2007
EL MARQUEZ EN LA MATANZA

yo solo iba a pervertirla.
me llamaban sus tetas debajo de la mantilla.
sus pezones embebidos de rancidez, de calentura.
yo solo iba a correrme entre sus labios.
mamarle su vulva.
frotar mis huevos contra sus sienes.
su boca me llamaba debajo de su negro pelo.
su lengua se dejaba adivinar hambriena y desofocada.
yo solo iba a cortarle las muñecas y tirarlas al costado de la via, entre villegas y bonzi.
a lamerle la regla.
a matarle uno a unos sus sueños.
ella me llamaba tomada del pasamanos de aquel puto tren.
estacion,
camino a su casa,
acera,
zaguan
pasillo, cocina, pieza.
ella que se recuesta sobre una comoda.
moja el vidrio barato con el sudor de sus antebrazos.
se levanta la camiseta negra.
se deshace de sus blancas bragas.
y dice.
me dice.
"ponemela en el culo".
yo le subo la blanca braga.
se la arreglo.
le palmeo las nalgas.
y salgo de todo.
yo solo buscaba una historia y ella queria que le partise el culo.
nunca mas voy a tomar ese tren.
El Marquez de Sade.
19/02/2007
PLASTICO

Obra a dos manos, ralizada por,Manuel Marques, texto, y Lucho Casanova, escultura en poliuretano expandido. (en la imagen).
PLASTICO
evitando lo salado del mal.
acotados.
sintiendo el roce bajo el roce.
asi de lejanos.
de idos.
encorsetados.
perpetuados.
detenidos en un breve instante.
que ya no es.
que ya no viene.
lejanos.
boqueando en la bolsa.
fabulando carne.
evitandose.
13/01/2007
LONDON BURNING
Esbozo de biografía de Lucho Casanova. Capitulo 23.
Es más o menos fines de enero del 76.
Lucho y Manuel está en Londres.
Nadie sabe bien como carajo llegaron hasta acá.
Sabemos que Lucho venia desde California, y que Manuel venia desde España, pero el por que estaban ahí queda completamente ensombrecido.
Yiran un poco por todo Londres y terminan lavando copas en un pub.
Manuel tiene un marcada anglofilia que lo lleva a sobre valorizar cada cosa que se le pone ante los ojos.
Lucho se siente como una mierda en la "madre patria".
Un sábado de profunda resaca se pelan a morir.
Parece que la discusión de fondo se inicia porque cada uno defendía las virtudes de distintos whiskys.
Manuel defendía la elegancia del "escocés", en tanto que Lucho lo hacia con la "dulzura" del bourbon del sur de los estados unidos.
Zarpadísimos de alcohol termina a las trompadas.
Rajados del pub se separan y se largan a recorrer la city.
En el Soho, Manuel se conecta con los que serian los integrantes de Clash.
Se cuenta que a el le pertenece la frase "London Burning". Ya que en estado de "cuasi locura" la repetía en cada una de las manifestaciones políticas en la que se entreveraba.
"London burning, ante la revolución que llega", decía.
En tanto Lucho, deambulando por Trafalgar Square, se encuentra con Sid Vicius y Jhonny Rotten.
Juntos empiezan a recorrer los suburbios londinenses.
Arman increíbles presentaciones donde mezclan música, poesía y pintura.
Lucho se lanza directamente a las drogas mas duras.
Se toma todo.
Separados los dos amigos deambulan y se pierden.
Castigado por la droga, Lucho entra en un estado de profunda psicosis y debe ser internado en el neuropsiquiatrico de Whest Hamn.
Allí es sometido a un terrible tratamiento de electroshock
La locura se le acrecienta de manera casi irremediable.
Manuel se entera, de pura casualidad del estado "catatonico" de Lucho y lo va a buscar.
Es rechazado ante cada intento de ingresar al manicomio.
Entonces decide entrar haciéndose pasar por loco.
Ya adentro lo busca a Lucho y lo encuentra en un estado lamentable.
Lucho apenas lo reconoce.
Manuel rompe una ventana con un mingitorio y se escapan.
Derivan en el puerto y se mandan como polizones en un barco con rumbo a Buenos Aires.
Llegan en marzo del 76.
No sabían que salían de un infierno y se metían en otro mucho más terrible.
De esa época quedan dos trabajos.
Una poesía de Manuel que dice:
La locura es como la lejanía.
Los locos viven sobre una cuerda.
Desolados.
Y un cuadro de Lucho conocido como "El Loquero", que es el que ilustra esta nota.
27/12/2006
EL ICEBERG

TEXTO DE MANUEL MARQUES.
IMAGEN (OFFSET 4 COLORES SOBRE PAPEL ILUSTRACION 160g) DE LUCHO CASANOVA.
un oceano.
un verdadero mar de mierda.
una nada.
una desidia.
y el iceberg va.
va como el mismisimo carajo.
solo mostrando la punta para no aterrorizar a la gilada.
mientras el pueblo pega el golpe de timon.
y el titanic no choca.
sobrevive para ser lo que sera
un sorete inundible.
y el iceberg va.
si no temiera.
vos que vas a leer lo entenderias.
si no temiera.
21/12/2006
LUCHO CASANOVA EN CALIFORNIA
Esbozo de biografía de Lucho Casanova. Capitulo 25, Lucho en California.
No es tema de este capitulo el contar los por que y los como que llevaron a Lucho Casanova a la costa oeste de los Estados Unidos.
Por ahí en otro momento.
En otra vida.
Lo que nos interesa es saber que a mediados del 75, Lucho cruzo el Río Bravo.
Así, sin nada.
Así, sin más.
Para sobrevivir en la unión, Lucho trabajo de lo que venia.
Cartero, lustrabotas, repartidor de periódico, cosechador de uvas en la incipiente industria del vino californiano.
Pero para lo que cuento ahora, solo nos interesa su trabajo como mesero en el "hipódromo de Santa Margarita".
Ahí era el encargado de limpiar las mesas, retirar las botellas y levantar a los borrachos que habían perdido todo en un par de boletos.
Esa tarde de insoportable calor, Lucho estaba terminando con su trabajo.
Faltaba solo una carrera.
1.200 metros sobre la arena.
Una polla de potrancas jóvenes.
Lucho camina entre las mesas levantando los restos de vino y gaseosa.
En una, que esta alejada, casi sobre la baranda que da a la pista ve un viejo.
Debe tener unos 50 años pero parece que cada uno de ellos lo hubiese comprimido contra el suelo.
Sin embargo se lo ve impecable.
Enfundado en una cazadora y un pantalón de hilo blanco.
Un panama le cubre el pelo encanecido.
Se parece indescriptiblemente a su padre.
A ese "no estar que tenia su padre".
Una especie de "no ser".
El viejo mira la botella de cerveza helada sobre la mesa.
La siente calentarse, pero la deja.
La mirada ida.
Apestando a soledad.
Lucho se acerca.
El viejo, casi sin dejar de mirar a no se adonde, le dice.
"las yeguas y las putas... la perdición de todo cristiano".
Lucho sabe que en California puede trabajar como un hijo de puta, pero que no puede acercarse a la ventanilla y comprar un solo boleto.
Tiene un pavo de 100, un "benjamín".
Son sus ahorros de casi cuatro meses.
Su viaje de vuelta a la madre patria.
No sabemos si su laburo en el hipódromo, o si como decía Don Juan Manuel, "los argentinos nacimos sobre caballos", la cosa es que Lucho sabia, o creía saber de los mismos.
Así que se acerca al viejo y le dice, mientras le estira los 100 dólares.
"la 14, Nice Morenita, es la mas puta de todas".
El viejo toma el benjamín y se va.
Nice Morenita, 2´32, 17 a uno.
El viejo ahora esta sentado en la misma mesa.
Otra cerveza fría calentándose.
Dos mujeres cercándolo.
Alice y Manolita.
El viejo se ríe y le pone una mano entre las piernas a Manolita.
Ella también se ríe.
Los cuatro ocupan una suite en el "Amberes Hilton" de Los Ángeles.
Durante tres días seguidos no salen de la habitación, a la que solo llega un poco de comida y litros de vino y cerveza.
Después, compran un auto, y se van a Las Vegas.
En una semana los "pavos" levantan vuelo.
Manolita y su coño rosado vuelan con los últimos pavos.
Hank, Lucho y Alice, vuelven a Santa Margarita y se instalan en una pieza de un inquilinato barato.
Hank vende algunos poemas, ilustrados por Lucho, a "Travelers Words".
Lo que ganan solo les alcanza para comprar vino y pinturas.
(Este momento queda plasmado en el cuento de Bukowsky "la piecita", y en la pintura de Lucho, "mi cuarto").
Sin poder pagar el alquiler, terminan en la calle.
Alice se va con un chulo que le promete convertirla en estrella de Hollywood.
Hank empieza a sentir que los riñones se le hacen trizas.
A la semana lo internan en un hospital público.
Entra en coma.
Lucho pasa cuatro días al costado de la cama de Hank.
En silencio.
Cuando el viejo despierta del sueño, Lucho le pone en la mano un billete de 50 dólares y lo besa en la frente.
El viejo le da un pequeño papel. (Donde esta escrito el cuento).
Lucho sale de la habitación.
No se dicen nada.
LA PIECITA, POR BUKOWSKI
Va por la pieza desnudo.
Un pincel en una mano.
Una lata de pintura naranja en la otra.
Desorbitado.
Desolado.
Más que desnudo.
Alice en la cama a medio cubrir.
Jugando con su chocho.
Mirando.
"¿como mierda podes pajearte?"
Alice va a la heladera y abre una cerveza.
Vuelve a la cama.
A su chocho húmedo.
A mirarlo.
El pincel va del tarro de tinta a la tela.
La hiere.
La lastima.
"¡la gran concha de su madre!"
Alice enciende la radio.
Suena alguna música rancia que se parece al viejo jazz.
Tararea una canción sobre la voz de la cantante negra de la radio.
El pintor cambia el naranja por el azul.
Por el amarillo.
Por el rojo.
Se acerca a la radio y sube el volumen hasta hacerlo ensordecedor.
Como si quisiese que el ruido se metiese en el cuadro.
Alice va al baño.
Mea con la puerta abierta.
Se lava y sale.
Abre otra cerveza y se la alcanza al pintor.
El pintor bebe de la botella y putea.
Una y otra vez.
Maldice.
Alice vuelve a la cama.
Ahora se recuesta boca abajo.
Se balancea sobre su coño húmedo.
El pintor se le acerca.
Y en un silencio temible la coje por el culo.
Cojen hasta el hartazgo.
Alice ahora duerme junto a su chocho.
A sus nalgas sudadas.
El pintor se retuerce.
Abrazado a la tela hecha pedazos.
13/12/2006
DUNAS
Biografía (en construcción) de Lucho Casanova. Capitulo 14.
No queda muy claro como es que Lucho y su amigo - hermano, Manuel Marques terminaron recalando en las playas de Villa Gesell.
De ese momento solo queda el relato, referido mucho mas tarde por el "Portu" Marques, de una discusión entre ambos por llamar a la experiencia "viaje de fin de curso", según Lucho, ya que ambos habían terminado la primaria, o "viaje iniciativo", según Manuel, que recién había terminado de leer "Los Caminos a Katmandú".
Más allá de eso... nada.
La cosa es que termina en las playas del viejo Gesell.
Para los que conozcan el lugar tal cual es ahora, les cuento que en el 74, que es el año en que los amigos llegan ahí, la "villa" era nada.
Todas sus calles de arena.
Muchísimos medanos que iban de un lado a otro, y que el viejo se empecinaba de sellar en un lugar plantándoles encima cientos de pinos.
Era "la pampa" pero con mar.
Los dos tienen apenas 12 años.
Juntan unas monedas y hacen el viaje en Antón, (una empresa de micros que ya no existe), con solo una carpa, y dos mochilas con ropa, como todo equipaje.
En un par de días queman la poca guita que tienen, y de ahí en adelante sobreviven comiendo almejas que juntan en la orilla del mar.
Van y vienen a los tumbos, hasta que se mudan a una comunidad Hippie que esta instalada en el único camping de la villa.
Con los hippies intercambian comida por letras de rock, (en ese momento en rock nacional estaba dando sus primeros pasos), que escribía el Portu.
De esos textos, muy apreciados en la década siguiente, ha sobrevivido un original que tiene escrito en una letra de imprenta muy prolija el siguiente fragmento de un poema.
Dice así:
La rubia, tarada,
Bronceada,
Aburrida,
Me pregunta,
¿Por qué te pelaste?
Yo,
Por el asco que da
Tu sociedad,
Por el pelo de hoy
¿Cuánto gastaste?
La letra hacia referencia a la pelada que se había auto propinado el Portu, y que lo obliga a estar respondiendo, cada dos segundos, a la reiterativa pregunta de ¿Por qué te pelaste?
Lucho, en tanto, se ganaba su "ración" de arroz blanco con salchichas, dibujando "posters" con ciertos aires psicodélicos.
De la experiencia "hipona" les queda el haber probado marihuana por primera vez, y por primera vez también, haberse agarrado un pedo fenomenal con un trago inventado por Lucho, al mezclar todos los restos de bebida que había en las distintas botellas.
El Portu le puso el nombre casi sin querer, al gritar, como un hijo de puta pasado de borracho, mientras corría en pelotas por la playa, "síganme pelotudos, sigan al 7º regimiento de caballería que les va a coser el culo a patadas". De ahí en mas, los Hipies devenidos en conchetos, "popularizaron" el trago en los boliches "de onda" con el nombre de "7º Regimiento".
De la comunidad hippie pasan a trabajar con el viejo Gesell.
A cambio de su laburo, el viejo les da casa y comida.
La casa es una especie de rancho en medio de la playa, es decir, en medio de la nada, donde a la tarde se encargan de vender agua caliente para el mate, papas fritas y coca cola.
El resto del trabajo se reaparte, cada mañana, entre, embarcarse a pescar corvinas y plantar pinos en los medanos.
Las comidas se hacen en la casa del mismísimo viejo.
Es ahí donde conocen a las mellizas Gesell.
Les decían las "mellizas" porque eran casi idénticas, pero en realidad tenían 16 y 17 años cada una.
Eran de una belleza indescriptible.
El viejo se había casado con una misionera autentica que tenia la piel de un color cobre profundísimo.
Así que las pendejas habían resultado ser una hermosa demostración de lo que acá llamamos "crisol de razas".
Una piel blanca, casi transparente.
El pelo oscuro, largo y llovido casi hasta la cintura.
Y unos ojos negro, que de tan negros eran azules.
Manuel, que siempre fue un especialista en eso de poner apodos, las bautizo como "las Marlenes", influenciado por haber visto en el cine Gran Catan, "El Ángel Azul".
Fraülen Alicia y Fraülen Alejandra.
Las minitas los adoptaron y los llevaban para todos lados.
Se pasaban las tardes en la playa, y se bañaban desnudos en el mar a la noche.
Fue una de esas noches cuando las "marlenes" se llevaron a los pibes a recorrer los medanos.
Y allí, entre la arena, el ruido de las olas que rompían casi encima de ellos, y un cielo como "de puta madre", se los cojieron bien cojidos.
Demás esta decir que los guachos apenas estaban aprendiendo a hacerse la paja y que este era su debut en todo lo que tiene que ver con el sexo.
La experiencia se repitió durante todo lo que quedaba del verano, y de la marca que les impusieron las fraülen es que quedan dos de las mas bellas obras de arte que nos han legado Manuel y Lucho.
Manuel escribió, mucho después, una poesía que dice así:
LA PIBA QUE VINO DE ALEMANIA
busco en vos
el fragmento de un cuadro.
una palabra.
que te vuelvas esa palabra
que nunca dirás.
busco que me traigas
el recuerdo del mar.
el recuerdo de mí
a los doce años
mirando el mar.
si se pudiese romper esta lejanía,
este incurable hartazgo.
si no lloviese.
Y Lucho plasmo ese momento en uno de sus mas bellos cuadros, (que ilustra esta nota), titulado "DUNAS".
Fin del capitulo 14 (en construcción)07/12/2006
LA GRUTA (OLEO SOBRE TELA)

empezamos a mostrar la obra del artista plastico Lucho Casanova.
sus trabajos abarcan una basta gama de expresiones artisticas.
sus obras son reconocidas mundialmente como una nueva vision del arte contemporaneo, que hunde sus mas profundas raices en la historia de la pintura universal.
este es solo un adelanto de la pagina que esta en construccion.
que la disfruten.












